El 8 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, rara vez se habla de para qué se estableció realmente este día: para promover y defender los derechos humanos de las mujeres. Es justo y necesario recordar que la defensa de estos derechos sigue siendo algo a lo que debemos prestar atención. Esto incluye el derecho a una vivienda segura y digna. La historia a continuación es un ejemplo de cómo el acceso a la vivienda y el apoyo para generar ingresos pueden cambiar la vida de una mujer trabajadora y de sus hijos.
Proyecto 13 Casas para el Jubileo
En una zona de alto riesgo en las afueras de San José, Costa Rica, donde muchas familias viven sin acceso confiable al agua, la electricidad o servicios de emergencia, una madre soltera pasó años orando por un lugar seguro donde criar a sus hijos. Hoy, gracias al proyecto “Viviendas en el precario”, esa oración ha sido escuchada.
Liderada por Enrique Arce y Guillermo Hernández, la iniciativa fue creada para proporcionar un hogar digno a Yadira y a sus dos hijos pequeños, ofreciendo no sólo refugio, sino también seguridad, estabilidad y la oportunidad de un nuevo comienzo. Recibió el apoyo de donantes privados y de la Universidad de St. John’s de Nueva York.
Una madre valiente en busca de un mejor futuro
Yadira, migrante nicaragüense, huyó de la crisis en su país de origen en busca de esperanza y seguridad para su familia. Durante años vivió en un asentamiento precario de San José marcado por la delincuencia, el narcotráfico y la pobreza extrema. La zona carecía de infraestructura adecuada y presentaba amenazas constantes, desde la violencia hasta desastres naturales como inundaciones y deslizamientos de tierra.
A pesar de estos desafíos, Yadira trabajó incansablemente para proteger a sus hijos y sostenerlos con trabajo honesto.
Con el apoyo del grupo Matrimonios Vicentinos (surgido del ministerio de la Congregación de la Misión), inició un proceso de cambio integral. Gracias a un préstamo sin intereses que le proporcionó el proyecto, compró una máquina de coser y puso en marcha un modesto negocio textil mientras aún vivía en el asentamiento precario.
Un hogar como base para la transformación
El objetivo del proyecto era claro: adquirir y asegurar una vivienda segura y digna para Yadira y sus hijos. Más que un cambio de dirección, la nueva casa representaba una ruptura decisiva con la violencia y la inestabilidad que la rodeaban. Ofrecía protección frente a la delincuencia y los riesgos ambientales comunes en el precario, al tiempo que creaba un entorno estable donde los niños pueden concentrarse en su educación y crecer en un ambiente saludable y seguro, y donde su negocio no esté en peligro.
Para Yadira, el nuevo hogar brinda algo esencial: un espacio seguro para seguir desarrollando su naciente negocio textil y fortalecer su independencia financiera. El proyecto requirió un esfuerzo cuidadoso y coordinado, incluyendo la regularización de su estatus migratorio y un estudio detallado del mercado de vivienda. Gracias a una recaudación de fondos constante y al apoyo de la comunidad, la compra de la casa finalmente se hizo realidad.
“Esta bendición viene de Dios.”
Ahora, la casa ha sido entregada.
Con visible emoción y gratitud, la señora Yadira expresó:
“Estoy muy feliz, bendecida por Dios, por esta hermosa casa que me han dado. Me permite darle un mejor futuro a mi hijo y a mi hija, y una mejor vida para ellos y también para mí. Durante muchos años le pedí a Dios esta bendición, porque este regalo viene de Dios.”
Sus palabras reflejan fe, perseverancia y el poder transformador de la solidaridad. El éxito de esta iniciativa se sostiene en la esperanza renovada de una madre y en la seguridad de dos niños que ahora tienen la oportunidad de soñar más allá de la supervivencia. Para la señora Yadira y su familia, este hogar es más que un techo; es la base de un nuevo capítulo construido sobre la dignidad y la seguridad.
